CAMILA HIGUERA
Un Cuento del Higuera

Para celebrar su cumpleaños, hoy 7 de marzo quisimos compartir uno de los tantos cuentos que nos dejó para que lo recordemos por siempre.
¡Salud Capi, donde quiera que estés!
Además de dirigir la escuela de vela de la ciudad yo entrenaba los cadetes de la escuela naval, por lo que tenía muchos amigos en la armada. Un día un teniente me invitó a conocer un submarino y acepté de inmediato. Me dio la fecha y la hora en que debía presentarme y me puso una condición algo extraña: debía llevar un ponqué. "Siempre que alguien nos visita por primera vez", dijo el teniente, "debe traer un ponqué; esa es la tradición".
El día antes de la cita me fui a la pastelería más famosa de Cartagena y mandé hacer el ponqué para treinta personas. Orgulloso, con mi pastel en las manos, llegué a la puerta de la base. "¡¡Identifíquese!!", me gritó el soldado. "Hernando Higuera Piñeros". "¡¡Papeles, señor Higuera!!" Presenté mi cédula. "¿¿¡¡¡Pa' onde va!!!??". Dijo esto agarrando con una mano el fúsil colgado al hombro, que se le escurrió un poco por el sudor. "Al submarino Tayrona". "Al submarino Tayrona, ¡¡¡¿y a hacer qué?!!!" "Estoy invitado". El soldado señaló la caja que llevaba en mis manos y preguntó: "¡¡¿¿Y qué es eso!!??" "El ponqué de regalo", le dije. "¡¡Martínez!!", gritó enfurecido, "¡¡¡revise esa caja con mucho cuidado!!!" "No, no se preocupe, yo la abro", tercié, viendo que su mano empezaba a deslizarse por el armamento. "¡¡No!! ¡No la toque!" "¡¡¡¡Es un ponqué!!!!" "¡Désela al soldado! ¡¡Pónganla lejos!! ¡¡¡Martínez, revísela!!!"
Una sombra con botas se me acercó insinuando que me alejara de la garita mientras revisaban el ponqué buscando quién sabe qué, una bomba, o drogas, y yo pensando qué broma tan pesada la que me hizo el teniente. Cuando nos acercamos el ponqué estaba todo roto y el sargento me dijo, sin el menor asomo de culpa: "Señor Higuera, siga. ¿Sabe llegar al submarino?" "¡Si señor!", le contesté lo más digno que pude. Y por fin me dejó pasar.
Cuando llegué al submarino me presentaron al comandante, un capitán muy buena gente, y nos encarretamos de inmediato. Hablamos mucho mientras él fumaba, cigarrillo tras cigarrillo, y nada que nos íbamos. Cuando por fin dejamos el muelle él y yo seguimos echando carreta de pie junto a la escotilla abierta, sin sumergirnos porque seguía fumando, y fume que fume. Después entendí que el capi era un adicto total al cigarrillo y lo que necesitaba era un párner para fumar.
Saliendo de la bahía cerraron las escotillas y todos quedamos encerrados. Cada uno en su puesto, nadie se movía. El único que hablaba era el comandante, que estaba de pie al lado de los instrumentos. "Diez grados babor". "Diez grados a babor", contestaba el encargado del timón. "Treinta pies de profundidad". "Treinta de profundidad", respondía el encargado de la profundidad. Llegamos hasta doscientos setenta pies, apagamos las luces y quedamos flotando en el silencio del océano.
Aun en la oscuridad los tripulantes sabían perfectamente lo que debían hacer. Un submarino se puede manejar por el tacto. Las luces, los instrumentos, los controles, los pasamanos, los pasadores, todo el esqueleto desnudo de la nave es un código morse para los tripulantes. Hicimos un recorrido por el interior. Vimos el cuarto de baterías, los torpedos, la sala de mando, los dormitorios… El capitán preguntaba cualquier cosa en su tono de alto mando y quien fuera el responsable de contestar lo hacía de modo obediente y disciplinado: "¡Señor, sí señor!"
Cuando terminamos de inspeccionar cada rincón nos llamaron a la sala de reuniones, donde me dieron un diploma acreditándome como tripulante emérito del submarino Tayrona. Ustedes no se imaginan lo que sentí, el orgullo tan grande. Entonces sacaron el pastel, todos aplaudimos y nos lo comimos. Y a todo el mundo le pareció delicioso.
Agradecimiento especiales:
Textos editados por: Andrés Ruiz Worth ruizandres41@gmail.com
Fotoografia: Ricardo Maldonado ricmaldoro@gmail.com
Diagramacion: Mario Garces garces.mario@yahoo.com
Producción: Ma.Camila Higuera Caldas macahical@gmail.com @macahical